jueves, 27 de diciembre de 2012

"a cada paso muero y aquí estoy..."

Cuando siempre los argumentos te dieron todos los sentidos  es descarnado encontrarse con ciertos niveles de realismo que te desarman.

Que las palabras no alcancen, que los discursos no te contengan, que el cuerpo no te siga a los lugares conocidos...

"A cada paso muero y aqui estoy..."


Vivir para escribir intensidades, 
Vivir para agradecer estar vivo,
Vivir para dejar cuerpo y alma en el camino...


"Vivir para vivir solo vale la pena vivir para vivir..."

Y las intensidades convocan a los adictos a emociones fuertes... nunca es del todo buena la adicción.
Aprender a encaminar, todo un camino a transitar,
a algunos nos cuesta más que a otros.


No hay fórmulas...

" cada uno es como es y anda siempre con lo puesto, nunca es triste la verdad lo que no tiene es remedio"

lunes, 24 de diciembre de 2012

honor a la sangre menstrual


del libro: Reclamando el poder de la menstruación, Laura Owen

"En otras culturas, en vez de ser ignorada, la menstruación ha sido considerada (y en algunos casos aún lo es) como un tiempo especial y sagrado para las mujeres. La abundancia de símbolos relativos a la mujer encontrados en excavaciones en lugares antiguos de Europa y el Cercano Oriente sugiere de manera enfática que dichas culturas eran matrifocales y reverenciaban a la Diosa y a los procesos del cuerpo femenino. Las prácticas rituales estaban ligadas al sangrado mensual de las mujeres y la sangre menstrual era altamente valorada como poseedora de poderes mágicos. La palabra ritual viene de "rtu", que significa menstruo en sánscrito. En la época anterior al sacrificio de seres vivos, la sangre menstrual se ofrecía en ceremonias. La sangre menstrual era sagrada para los Celtas, los antiguos Egipcios, los Maorí, los primeros Taoístas, los Tantristas y los Gnósticos.
Los Nativos Americanos comprendían muy bien los diferentes sentimientos que las mujeres experimentan cuando menstrúan y para ellos estos sentimientos formaban parte de algo muy importante en los ciclos del cuerpo femenino. Las mujeres se retiraban a un recinto especial a pasar su sangrado. Se le consideraba ser el tiempo en que una mujer se encontraban en el nivel más alto de su poder espiritual, durante lo cual la actividad más apropiada era descansar y acumular sabiduría.
La tribu Yurok del norte de California poseía una cultura espiritual muy desarrollada basada en el ritmo del ciclo menstrual para las prácticas rituales no sólo de las mujeres sino también de los hombres. Las mujeres acostumbraban retirarse "en masa" durante la luna nueva por un período de diez días. Durante ese tiempo los hombres se concentraban en el "desarrollo interno", en ceremonias y meditación. Mientras los adultos estaban ocupados acumulando poder espiritual, los niños eran cuidados por los ancianos de la tribu. Todo el trabajo que los adultos tenían que hacer se concentraba en los otros días del mes.
Cuando los hombres blancos entraron en escena, "el mundo se paró de cabeza". Las actitudes hacia la menstruación cambiaron y las muchachas fueron adoctrinadas por sacerdotes en vez de las ancianas de la tribu. En vez de enseñárseles que una vez al mes sus cuerpos se volvían sacros, se les enseñó que se volvían inmundos. En vez de retirarse a un recinto a meditar, orar y celebrar, se les enseñó que estaban enfermas."

miércoles, 19 de diciembre de 2012

compartiendo lecturas interesantes ...

... cito partes del libro "La cama reb/velada. Pasado, presente y futuro del sexo y del amor" Regina Navarro Lins:

"Los hombres de las cavernas no imaginaban que tenían participación alguna en el nacimiento de los niños, hecho que siguió siendo ignorado durante milenios. La fertilidad era una característica exclusivamente femenina, por lo que la mujer estaba asociada a los poderes que gobernaban la vida y la muerte.



Al abandonar la caza, los hombres comenzaron a participar de las actividades femeninas. Inicialmente, ayudaban en la ardua tarea de trabajar la tierra con azadas de madera, lo que exigía bastante fuerza física. Tiempo después, domesticaron los animales y los incorporaron a la agricultura, utilizando un arado primitivo. La convivencia cotidiana con los animales hizo que notaran dos hechos sorprendentes: que las ovejas aisladas no parían ni producían leche; y además que luego de un tiempo constante, después de que el carnero cubría a la oveja, nacían corderos. Se produjo así el descubrimiento de la contribución del macho en la procreación.

Luego de miles de años creyendo que la fertilidad y la fecundación eran atributos exclusivamente femeninos, los hombres constatan, con sorpresa, que lo que fertiliza a la mujer es una sustancia que se le introduce: el semen del macho!

La procreación exige la participación de ambos sexos. Surge la noción de pareja. El hijo ya no está exclusivamente ligado a la madre. Ahora el hombre puede decir, orgulloso: "mi hijo", y dejarle su herencia. Sin embargo, para que esto sea posible, la mujer solo puede tener sexo con él. Entonces se instala el control de la fecundidad de la mujer, que se constituye como universal y eterno. La libertad sexual de la mujer, característica de épocas anteriores, sufre serias restricciones. Con el hombre es diferente. De la misma manera que el carnero preña 50 ovejas, él también puede tener un harén si lo desea.
Para garantizar la fidelidad femenina y, por consiguiente, la paternidad de los hijos, la mujer pasa a ser propiedad del hombre."


jueves, 6 de diciembre de 2012

"MAMI" - me ven y me recrean


por Andres



por Felix


                                                                      por Bruno



asi soy a sus ojos amorosos!!!

la terapia - el arte de intimar

Hacer terapia es dejarse llevar por la fuerza de intimar,
cualidad artesanal del encuentro terapéutico,
intimidades convocadas a profundizar metiéndonos hasta el fondo,

ser terapeuta es penetrar y ser penetrada,
es dejar que la vulnerabilidad sea tu maestra y consejera,
sin temor, desde la alianza, con aceptación, con libertad,

ser terapeuta es vivir en los bordes entre lo propio y lo ajeno,
permitiendo los desbordes acotados... 
a tiempo de celebrar ese instante perfecto de conexión plena, despojada,

ser terapeuta es embarcarse en un viaje compartido 
a un mundo que ocurre solo entre cada nosotros que se logra conjugar,

hacer terapia es entregarse a una danza de subjetividades ávidas de vida y expansión,
lejos estamos de ser pacientes expectantes que analizan fórmulas, 
somos activos que pulsan y se derraman en sus búsquedas desbordantes,

encuentro de aventureros generosos que invitan a acompañarlos acompañándonos,
y en esa travesía compartimos todo,
lo dicho y lo no dicho, lo que se sabe y lo que no,
lo que intuimos, lo que trasciende,
esa energía que nos envuelve más allá de los roles que habitamos para darnos formas y repartirnos sentidos.

con mucha gratitud siempre a la entrega terapéutica en todas sus formas!!!