sábado, 7 de marzo de 2015

hormonas femeninas, amigas mias! - "El Cerebro Femenino" de Louann Brizendine

Más vale amigarse con las hormonas. Las hormonas femeninas son así, tienen sus vueltas, solo nos queda aceptarlo y disfrutar. Aunque parezca una contradicción ¿Disfrutar de algo tan inconstante, tan imprevisible?. Sí! adorar la condición femenina, tan femenina que a veces arrasa con todo.

En el libro "El Cerebro Femenino" de Louann Brizendine, encontré unos datos muy claves al respecto:

"Las hormonas pueden determinar qué le interesa hacer al cerebro. Ayudan a guiar las conductas alimenticias, sociales, sexuales y agresivas. Pueden influir en el gusto por la conversación, el flirteo, las fiestas (como anfitrión o invitado), la programación de citas de juegos infantiles, el envío de notas de agradecimientos, las caricias, la preocupación por no herir sentimientos ajenos, la competición, la masturbación y la iniciación sexual."

"Lo que hemos encontrado es que el cerebro femenino está tan profundamente afectado por las hormonas que puede decirse que la influencia de éstas crea una realidad femenina. Pueden conformar los valores y deseos de una mujer, decirle día a día lo que es importante. Su presencia se siente en cualquier etapa de la vida, desde el mismo nacimiento. Cada estado hormonal - años de infancia, de adolescencia, de citas amorosas, de maternidad, de menopausia - actúa como fertilizante de diferentes conexiones neurológicas, responsables de nuevos pensamientos, emociones e intereses. A causa de las fluctuaciones que comienzan nada menos que a los tres meses y duran hasta después de la menopausia, la realidad neurológica de una mujer no es tan constante como la de un hombre. La de él es como una montaña que van gastando imperceptiblemente en milenios los glaciares, el tiempo y los profundos movimientos tectónicos de la tierra. La de ella es más bien como el clima, constantemente cambiante y difícil de predecir."


Así es, somos mujeres y llevamos en nosotras los movimientos de la naturaleza misma.
Transcribo una parte en la que el relato me conmovió y me colmó de amor femenino:

"Una de mis pacientes regaló a su hija de tres años y medio muchos juguetes unisex, entre ellos un vistoso coche rojo de bomberos en vez de una muñeca. La madre irrumpió en la habitación de su hija una tarde y la encontró acunando al vehículo en una manta de niño, meciéndolo y diciendo: "No te preocupes, camioncito, todo irá bien".

Esto no es producto de la socialización. Aquella niña pequeña no acunaba a su "camioncito" porque su entorno hubiera moldeado así su cerebro unisex. No existe un cerebro unisex. La niña nació con un cerebro femenino, que llegó completo con sus propios impulsos."

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