miércoles, 4 de marzo de 2015

psicoterapia, cuestión de fe, entre otras cosas...

creo en el poder de la psicoterapia,
el entrenamiento en mirarnos a nosotros mismos,
esa visión que se habilita a partir del encuentro con otro que nos mira y refleja amorosamente,
conozco de las complejidades del alma humana,
estudié psicología con ansias de comprender qué nos pasaba a los humanos por dentro,
después vi que no hay tal adentro-afuera, que somos unidad total,
suena tan lindo y a la vez hay que lidiar con eso,
hagamos un sonido que nos integre, encontremos una palabra que nos despierte, un paso de baile que nos acompañe,

querer que vivir sea más fácil,
me gusta pensar que no es un ideal,
que es una construcción posible en todos los ámbitos de la vida,
empezando por asumir las complejidades tan mías, 
abrazándolas para poder seguir más allá de los desvíos,

a los humanos nos cuesta ir directo, 
real que se me presentó clarísimo cuando empecé mi primer psicoanálisis (gloriosa y sanadora experiencia)
y lo confirmo en cada práctica psicoterapéutica de las propias y de las que acompaño,
y en cada vínculo y en cada historia vital,

damos rodeos, nos ponemos a prueba, proponemos desafíos,
y lo más interesante y complejo es que no somos tan concientes de lo que hacemos,
me gusta esa conocida frase que describe este suceso psíquico diciendo: "no somos dueños ni en nuestra propia casa",
o el paralelo del inconciente con el cuento de Cortazar "Casa tomada"

sin duda creo que la psicoterapia nos acompaña en las conquistas sobre nosotros mismos, puro autoconocimiento si es bien guiado,
facilita las alianzas, ayuda a comprender los procesos,
nos acerca a nuestras oscuridades, nos ayuda a perdonarnos,
nos enseña compasión y nos expande la conciencia,
y así la vida cobra espesor existencial.

No hay comentarios:

Publicar un comentario